Una de mis regresiones
aplicando Cristales, Gemas y Piedras Sagradas.
A lo largo de mis encuentros con Osvaldo, fuimos trabajando sobre los impedimentos que observaba en mí, que hacían que no llegase a poder utilizar mis potencialidades curativas en todo su esplendor.
El trabajo lo iba guiando él, sanándome en cuerpo y alma, a medida que me aplicaba sus mejores piedras para lograr sus objetivos.
Debo aclarar que en ese entonces no le creía mucho, sobre todo cuando me decía que yo era una gran bruja (en el sentido que le da Carlos Castaneda: persona de conocimiento), pero cada vez que ponía sus piedras sobre mí, me producía visiones muy extrañas, y eso me encantaba, y deseaba enormemente continuar. Nunca me asusté. Osvaldo me aseguraba que era porque mi espíritu ya sabía lo que estaba buscando, y lo que descubriría, porque ESO era el hilo que unía todas mis vidas en este planeta, desde mi llegada a él ( pero esa es otra regresión).
Osvaldo dice que no aconseja las regresiones a cualquiera. Es el Maestro quien determina si se hacen o no. Tienen un objetivo específico y es una técnica hasta peligrosa si no se hace bien y con quien se debe.
En este caso, él me ofreció hacerla, y trajo sus piedras especiales. Una de mis amigas servía de testigo. (Debo decir que se asustó bastante).
Me acosté en la cama de curaciones y mientras ubicaba sus piedras sobre mí, fui relajándome, como de costumbre… Ya estaba acostumbrandome a que, si me quedaba viendo la penumbra tras mis parpados cerrados, de repente parecía desaparecer ese telon y aparecía un escenario. Nunca vi mi cuerpo. Parezco ser puro ojos. O mejor: “algo dentro de un paisaje”.
Esta vez estaba en el borde de un bosque, junto a una plata de piedritas muy pequeñas, junto a un hermoso lago…. ERA EL SUR ARGENTINO!!! Cuando uno anduvo por allí no lo olvida más.
Los árboles me parecian alerces…. No estaba segura, y eso era problema… Me preocupaba no reconocer esas hojas …. Yo sabia que las habia visto antes, y dónde, pero no estaba segura… De pronto me doy cuenta que estaba perdiendo tiempo, y miro alrededor, el cielo era una belleza azul… y allá lejos, tras los bosques, del otro lado del bosque: la cumbre nevada del Lanin. Siempre lloré al ver el Lanin… Esta vez estaba tan bonito!! Allá, tras el verde, bajo el azul…. Estaba muy contenta… Miro otra vez a las piedras de la playa, y ahí atrás, junto a la ultima linea de arboles, descansando al sol, habia un felino… me parecio una leona… Mas lejos, veo asomarse un lobo, pero enseguida desaparece tras la vegetación. Pienso que allí no hay lobos… y vuelvo a mirar a la leona, que no es leona, al menos como la del zoologico. Tiene cara de macho, pero no tiene melena. Me mira con amor, pero no se mueve, ni yo tengo miedo.
De pronto me doy cuenta: ES UN PUMA…. ES MI PUMA!!! Y nos reencontramos, y nos abrazamos y recuerdo las andanzas por los bosques. Me veo caminando en silencio tras él, ambos buscando … (no sé tras qué íbamos, pero era emocionante)… Cruzábamos llanos y cerros, montes, bordeábamos lagos, saltábamos arroyos…. Eramos tan felices que no me cabía en el corazón tanta felicidad… Nos pertenecíamos uno al otro… Jugábamos y andábamos…. Nunca he sentido algo igual. Tanto amor, tanta alegría!!!
Lloraba de emoción…
Ahí, mi amiga se alarmó, quería que Osvaldo me despertara, él le decía que ya faltaba poco, que yo estaba “viajando andá a saber dónde”.
Escuchando eso me distraje, y cuando vuelvo a buscar al puma, ya no estaba, y yo sabía que lo habían matado, como habían matado al bosque, y me habían quitado mi casa… y el llanto empezó a ahogarme, y no me podía mover, y Osvaldo que me toma de un brazo y me hace sentar… Y yo no podía contener un llanto desgarrador, y le decía que habían matado mi puma, y mi bosque, que me habian robado mi casa, y yo quería volver a casa…. En ese bosque era feliz… No me importaba si había que morir para volver allí, estaba dispuesta. Sin mi puma no podía seguir viviendo.
Entonces Osvaldo me dijo: “Ya estás volviendo a casa”
La tristeza me duró como dos meses.
.
Hace como cuatro años de esto… Hoy sigo llorando al recordar. Pero ya no deseo morirme, pues estoy segura que voy caminando a casa, y cuando la encuentre, me quedaré allí, con el Puma que me espera; aunque, cuando cierro los ojos, a veces lo veo mirándome con amor, entrecerrando sus ojos cuando encuentro los suyos, o alertándome sobre algo. Es muy expresivo.
Es tan bello y tierno, y feroz… Allí empecé a comprender la admiración de los indios a los felinos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario